Caí flexionando las rodillas, dejándolas caer en el suelo y creando una pequeña polvareda por la tierra de la calle. Todo estaba demasiado oscuro, apenas podía ver a tres metros de mí. Se podía diferenciar las siluetas de los edificios gracias a la luz que emitía la Luna y las miles de estrellas que cubrían el cielo. Una vez de pie, me sacudí las manchas que tenía en la vestimenta, alcé la mirada y me asusté. «Joder, no recordaba que la ésto asustara tanto de noche». Ya recompuesto, me puse a andar hacia delante. El viento soplaba de cara y con mucha fuerza, hasta tal punto que me costaba andar, se caía el gorro multitud de veces y me cegaba al entrarme arena en los ojos. No se escuchaba apenas nada que fuera el aire chocando contra mis oídos o el balbuceo de un que otro mendigo desamparado y harto de ron en alguna esquina. Cada vez miraba más al suelo, no quería perder tiempo teniéndome que limpiar los zapatos con algún que otro resto de animal o persona.
No sabría explicar cómo, pero notaba como si alguien me siguiera, giraba la cabeza continuamente hacia atrás para intentar ver quién andaba por allí, todas las veces eran en vano; así que seguí mi camino. Aún tenía algo de temor y por seguridad, aceleré el paso hasta acabar corriendo fuera de allí. No sabía si se trataba de alguna persona, o simplemente un gato callejero, pero el correr riesgos nunca fue lo mío. Las calles cada vez eran menos oscuras, se podía diferenciar bien todas las fachadas de algunos locales, otros aún seguían con ventanas iluminadas, como los burdeles. Al fondo del todo estaba la Plaza de la Fuente.
Todos los bancos estaban rodeados de heces de palomas, el suelo encharcado por la lluvia y repleto de hojas de los diversos árboles de alrededor. Sin duda, era un escenario espléndido, podía ver como el agua de dispersaba por cada paso que hacía, estuve buscando durante diez minutos la puerta de una de las casas más importantes de la ciudad, hasta que la encontré. Era de un color verde oscuro, muy desgastado y lleno de astillas, tenía grandes remaches a un lado de la pared y multitud de adornos de color negro alrededor del picaporte dorado que estaba colocado justo en el centro. Estuve mirando sucesivamente a los lados, asegurándome de que nadie se acercaba ni tampoco podía verme. Saqué una ganzúa de un bolsillo y me dispuse a abrir la puerta lentamente, para así no hacer ruido. Cuánto más abría la puerta, mayor era el ruido provocado por la oxidación de la puerta. Para no correr más riesgos, la abrí de golpe, sin saber por qué, apenas hizo ruido, casi ni se escuchaba. Entré dentro de la casa. La entrada era enormemente larga, todo el suelo del pasillo era de baldosas de color cobre y amarillo que brillaban al darles una pequeña cantidad de luz. Había dos mesas pequeñas de madera a los laterales del pasillo, unidas a unos percheros en los que había un abrigo y un sombrero colgados. A la derecha estaba puesto un espejo con detalles dorados cubriendo los bordes, me podía reflejar en él, era algo tenebroso, era todo tan oscuro que me daba el presentimiento de que algo malo iba a ocurrir. Ya dejé de husmear por la primera parte de la casa y llegué al salón. Fue entrar y notar cómo mi cuerpo entraba el calor, seguramente sería porque se encontraba una chimenea aún iluminada por las cenizas vivas que siguen calientes, con su rojizo color. Una mesa con una cesta en la que hay algunas frutas colocadas. Me giro para seguir viendo, me encuentro a un perro. De repente se puso a ladrar y a morderme el brazo derecho. Estaba haciendo demasiado ruido y empecé a escuchar algo en la planta superior. Cogí del hocico al canino, le rajé desde el cuello al abdomen, ahogando su voz y dejando caer al suelo sus tripas sin hacer el menor estruendo. De nuevo, empezaron los sonidos, pero ahora eran voces.
-Cariño ¿no has escuchado nada extraño abajo?- Era una voz femenina, seguramente la mujer del hombre que deseo aniquilar.- Va a ser el tonto de Ton, tendrá hambre y estará buscando comida.
- Pues déjalo, total, por una noche nadie se muere ¿no?- La otra voz era mucho más grave y cansada.
- No seas tonto. ¡Baja de una vez!
- Por Dios, ya bajo, mujer...
Cogí rápidamente el cuerpo del animal y lo coloqué en la entrada, dejando un camino de sangre. En cambio, yo me situé justo debajo de las escaleras que dan hacia la zona superior de la casa. Podía escuchar perfectamente los crujidos que se provocaban en los escalones cada vez que el hombre descendía. Se quedó mirando extrañado a la mancha de sangre del animal, la siguió hasta llegar donde se encontraba el cuerpo. Lo vió y empezó a andar hacia atrás, asustado y sin saber qué acaba de ver y si era cierto. Justo cuando iba a subir las escaleras corriendo, lo cogí del cuello y le hice caer de espaldas al suelo. Abría bastamente los ojos, parecía que se les iban a salir.
-Cállate si quieres seguir vivo, de lo contrario…- Le rocé el cuello con mi dedos dedos, notando cómo se le hacía un nudo en la garganta por el miedo.- Ahora dime tu nombre bien bajito.
- Se… Selio, señor.
Cogí la nuez de su garganta con los dedos mientras me sentaba encima del gordo. Me senté encima de él y le tapé la boca con la otra mano. Apreté fuertemente su nuez y se la arranqué de su garganta, su cuello soltaba sangre a borbotones creando un charco rojizo por la extensa sala. Me levanté y subí las escalinatas, en los muros se reflejaban las luces de una vela que procedían de una habitación. Salí disparado hacia esa salita, pequeña y con una cama en el centro, en ella había una mujer desnuda tapada por las sábanas. Salté sobre ella le tapé la cara con una almohada, para así poder ahogar sus gritos. No paraba de patalear y intentar arañarme. Parecía incansable, hasta que por fin cayó rendida por axfisia, estaba muerta. Levanté el cuerpo del hombre, lo llevé al segundo plano, junto al cadáver de la que sería su mujer, los dos boca abajo; les hice la marca de la ficha básica de ajedrez, les até las manos juntas con una cuerda y los uní con el suelo de la sala, dejándolos colgados en el balcón. Robé rápidamente las joyas que tenían en una mesa al lado del camastro. <<Total, no creo que se las vuelvan a poner nunca más>>. Salí corriendo y a la vez con cuidado de no hacer mucho ruido, de la altiva morada, la cual dejé con la puerta abierta sin intención de cerrar. Empecé a bajar el ritmo hasta el punto de quedarme andando por la plazoleta. Justo en el momento que caminaba cerca de la fuente, algo me agarró fuertemente sin darme apenas cuenta, cayendo de lleno en el inferior de la fontana. Notaba cómo unas manos me apretaban la garganta sin cesar, era incapaz de respirar. Aguanté los brazos de la persona con mis dedos, clavándole las uñas; hacía lo imposible por escapar. Intentaba hacerle parar a través de todos los medios posibles. Sin saber cómo, el agua de la fontana empezó a teñirse de un color rojo. <<Mierda, es mi sangre>>. No tenía fuerzas para seguir agarrando, mis manos cayeron al agua, al igual que el cuerpo de la persona que me estaba ahogando. No sabía el porqué de todo aquello. Mis ojos se cerraban y mis pulmones no aguantaban más. Súbitamente, lo que parecía ser un brazo, me agarró y me sacó del agua. Impacté fuertemente contra el suelo y empecé a dar vueltas y a toser como un loco mientras vomitaba todo el agua que había tragado en aquel forcejeo. Una vez que pude abrir los ojos vi a Esmeralda casi muriendo de la risa, apenas pudiendo contenerse, y a un soldado con prendas distintas tirado en el suelo, muerto. Por fin me mantuve sobre mis pies, lo primero que se me ocurrió fue abrazarla como si no hubiera mañana.
- Eh, tú, campeón ¿te ha podido un simple soldado? La verdad es que esperaba más de ti.- Hablaba con un tono sarcástico muy descarado, pareciendo totalmente una burla.- Anda, volvamos a casa y me cuentas.
- Sabes que jamás me habría dejado matar por un simple soldado, es que me vino por la espalda.- La cogí del brazo e hice que se girara.- Otra cosa que no te has dado cuenta, si te fijas bien, no es un soldado cualquiera, es un centinela.- La chica se giró rápidamente y me miró muy asustada.
- ¿Qué hace aquí un centinela?
- Por Dios, pareces nueva en esta ciudad. ¿No te has dado cuenta que es una guardia de noche que han puesto para pillarnos?
- Bueno ahora que lo piensas, tiene mucho sentido.
Me apresuré mucho en ponerle la mano encima al susodicho guardián nocturno, le arranqué la armadura, cogí a Venator Córdibus y me dispuse a dibujar un lienzo encima de un cuadro caliente y rosado.
- Otro más para los peones ¿verdad?- Se cruzó de brazos y se dispuso a esperarme, como si fuera monótono.
-Esta vez te equivocas, que lo sepas.
- ¿Cómo qué me equivoco? Pero si… Joder, no me jodas que es un ca…
- Correcto, es un caballo. Ya que no es un soldado normal, no merece tampoco una marca corriente ¿no crees?
Nada más levantarme me lavé las manos en la fuente, al igual que ella. La cogí de la mano, y nos escaqueamos rápidamente de ese lugar tan… Bueno, tan público y a la vez tan seguro en cuanto a vigilancia se refiere. Apenas podía notar mis pies a causa del frío al que estaban siendo sometidos esa noche. Por suerte, en casa había más de una manta para luego poder taparse. Una vez allí, nos dispusimos a cambiarnos de prendas y empezar a lavar las usadas. Mi pecho golpeaba bastante fuerte, chocando contra mi ropa, a causa de la aceleración que tenía mi corazón en ese momento. Estuvimos corriendo unos diez minutos sin parar a gran velocidad, acabamos muy agotados esa noche. Especialmente por el sobreesfuerzo físico de la vuelta. <<Para que luego digan que salir por la noche no trae problemas>>.
- Anda, pareces muy cansado, vete a la cama y estate bien para mañana, que me imagino que te vuelve a tocar ir a luchar ¿no?- Me quitó de las manos las telas mojadas que componían lo que viene siendo mi vestimenta.
-¿Estás loca? Yo no me voy a dormir ahora porque no me sale de los cojones, a ver si te enteras. Estoy muy cabreado como para dormirme.- Le quité lo que tenía al fondo del lavadero y seguí lavando.- Además, mañana van a cambiar el escenario de una manera especial para dentro de dos días y no estará abierto, así que me dormiré a la hora que me plazca.
- ¿A ti qué te pasa? ¿Y esos modales? Que yo recuerde no tienes razones para cabrearte hoy, encima de que me preocupo por ti, desagradecido.- Empezó a hablar con tono irónico y a la vez pasota, dando a entender que no iba a estar por debajo de mí en ningún momento.
- Es que no tenías por qué preocuparte por mí, soy un hombre y puedo hacer las cosas yo solo. El incidente de la fuente fue solo eso, un pequeño contratiempo que me pilló de improvisto.
- Sabes tan bien como yo que si no hubiera estado allí, hubieras muerto y todo se hubiera perdido, sobre todo tu vida, pedazo de imbécil. Parece que no piensas.
- Tú no sabes apenas nada de las razones de mi enfado así que hazme un favor y cállate.
Al terminar la desastrosa discusión me puse a tender la ropa en los balcones interiores para que se secaran. Me fuí a uno de los muebles acolchados de la sala de estar y me tumbé allí, tapado hasta arriba por una frazada de piel marrón peluda de oso. No paraba de suspirar mientras me ponía las manos detrás de la cabeza.
<<Nunca me había visto tan mal en mi vida, he estado a solo dos segundos de morir y no saber más del mundo. Hubiera perdido todo, no es mucho, pero siempre fue importante. Jamás hubiera vuelto a apreciar todos los placeres que me brinda esta vida tan complicada y a la vez tan bella. Siempre digo que esto es una mierda, y todo porque algo que estaba planeado, no sale como yo esperaba. Ahora he aprendido que nunca se puede ser perfecto, ya que siempre habrá algo que nunca podamos tener en cuenta. Hay millones de posibilidades diferentes con cada acción que hacemos o hacen otros. Así que lo mejor que se puede hacer ahora es planificar todo de buena manera, y si hay algo fuera de lo normal, se improvisará…>>.
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