jueves, 22 de agosto de 2013

Capítulo 1- Primer Movimiento

Sopla un viento fresco sobre la cálida ciudad de Másingber. Dividida en sus cuatros sectores (Los Caídos, La Devastación, Los Ghuri y La Ciudadela), saca toda la arena de su terreno tras una tormenta de tres días y dos noches. Desde la Torre del Reloj puedo ver cada rincón, cada callejuela de esta ciudad, mientras, sentado en el borde de esta barandilla, noto como mis pies llenos de heridas sangran lentamente, dejando caer las gotas de sangre a más de cien metros de altura. La brisa acaricia los ropajes tendidos en las azoteas de los edificios más altos.


Me pongo a meditar sobre si debo tirarme o no al suelo y, finalmente morir. Si total, no tengo familia, me echaron del trabajo a causa de la invención de las nuevas máquinas, el rey de la ciudad nos roba todo el dinero, los soldados que vigilan las calles hacen lo que les conviene, asesinan por la noche sin pudor alguno, incluyendo a mi familia...

¿Queréis saber cómo ha acabado todo así? Todo empezó hace un par de meses...
Iba por el mercado comprando frutas y carne para cenar, cuando de repente vi a una chica huyendo de dos soldados reales. Ella se metió en una callejuela estrecha y sin salida. Al ver que los dos hombres intentaban violarla, solté las bolsas y salí corriendo con espada en mano hacia el callejón. Al llegar allí, cogí a uno de los violadores por la espalda y le rajé el cuello, acto seguido; empecé a dar espadazos contra el otro soldado, que también desenvainó su espada. Al cabo de unos golpes, conseguí que su espada cayera, al estar indefenso, se arrodilló pidiendo clemencia, no hacía otra cosa que estar mirándome a los ojos y llorando por su vida. Pensé unos segundos, le agarré la cabeza y apretando con los pulgares en sus ojos, le dejé ciego. Así no podría identificarme jamás. Me levanté hiperventilado, viéndome las manos llenas de sangre. «Joder, que lo he matado. Le he quitado la vida. Sé que era por salvar a la chica, pero me he jodido la vida y estas cadenas las arrastraré en mi conciencia hasta mi muerte.» Le vi a ella, estaba pálida y nos me miraba boquiabierta. Reaccioné rápido, la cogí de la mano y salimos a correr antes de que la gente nos acorralara. Ella se dejaba guiar, no sabía nada de mí y le salvé de una violación, creo que jamás me podría poner en su lugar. No sabíamos a dónde ir, la gente de la calle nos miraba raro. Me metí por un callejón muy largo, al fondo podía ver la puerta del Coliseo. «Podemos meternos allí y ver el espectáculo. Nadie nos encontrará y pueden pasar horas hasta que acabe. Además me puedo lavar las manos y así quitarme la sangre.»

Entramos en El Coliseo por la puerta principal, subimos rápido por unas escaleras que habían a mano derecha, de la presión y los nervios me tropiezo en un escalón y caigo de cara. Me levanté rápido y nos metimos en los aseos. Empiezo a lavarme las manos con el agua y mucho jabón, me frotaba tan fuerte que me dolían las manos. La chica estaba vigilando la puerta para que nadie entrara y me viera que estaba quitándome la sangre.

Al ver que ya no tenía manchas en las manos, cogí agua con las dos manos para mojarme la cara y así aliviarme un poco y estar relajado. Limpié mi espada, la envainé y nos fuimos a las gradas. Todo aquello estaba rodeado de guardias, mirando por todos los rincones para ver si me encontraban y así, asesinarme.

«Yo así no puedo seguir, tarde o temprano me van a pillar y me matarán. Creo que lo mejor será inscribirme en el torneo. Allí no me encontrarán y si sobrevivo ganaré dos mil monedas de oro. Pero si pierdo, moriré en la arena... Total, he quitado dos vidas y ellos me quitarán la mía, es un precio "justo"».

Bajé las escaleras de nuevo, en la entrada me dirigí a recepción y me metí en el combate con el nombre de 'Torreta', por mis dos torres tatuadas a los hombros. Las cuales representan la fuerza y rigidez que hay que tener en la vida, aunque siempre te den golpes, seguir en pie. Entré en los vestuarios y dejé a la chica sin nombre en las gradas. «¿Se habrá largado o se ha quedado conmigo?» Mientras me armaba con los protectores básicos que te dejaban para el combate, miraba atento a las armas; viendo cuál vendría mejor para mí. Había una lanza de madera robusta y un filo hecho de metal oscuro junto con un escudo hecho de madera y con clavos puntiagudos sobresaliendo la punta para clavárselas al enemigo. Yo sabiendo que soy una persona de brazos bastante robustos, me cogí esa arma junto con el escudo.

Esperaba impaciente mientras escuchaba los gritos desgarradores de las víctimas de los combates que estaban antes del mío, los cuales eran camuflados por la bulla de los espectadores del espectáculo. Al lado mía había un combatiente blanquito, me miraba asustado y sudando, con su mirada decía "por favor sácame de aquí, no quiero morir". Tenía un tatuaje en la mejilla izquierda, era una guadaña, marca de esclavo. Seguramente su amo le obligaría a luchar, por simple diversión o para ganar dinero en las apuestas. Me quedaba mirándole de arriba a abajo cuando una niña chica con ropa muy sucia me coge el brazo.

- Torreta, te toca combatir en el campo de batalla.- Me dijo mientras miraba al chico blanquito que estaba a mi lado.- Tú, Nieve, te toca combatir contra él, salid ya.

De repente, se me dispara la adrenalina y me pongo muy nervioso, ando hacia la puerta de hierro, se abrió de par en par y me deslumbró totalmente. Al salir, vi a toda la gente gritando, con ganas de ver correr la sangre y rodar cabezas. El escenario había cambiado, en vez de ser simple arena, pusieron muros de paja, tal cantidad que lo convirtieron en un laberinto con dos entradas. Cada uno en una, nos disponemos a entrar. Estaba yendo un poco agachado y andando silenciosamente, por si acaso él estaba cerca mía. Notaba en el suelo sus pisadas fuertes, como si estuviera furioso. Al girar el último cruce, entré en una especie de recuadro, mucho más grande que los pasillos del laberinto. Al otro lado estaba él, sujetando dos espadas, una en cada mano. Se le notaba en la mirada que le comía la maldad por dentro. Vino corriendo hacia a mí alzando el brazo izquierdo a darme, como si quisiera partirme en dos. Le paré con el escudo de milagro. No paraba de atacar, y yo sabiendo que el escudo no iba a resistir mucho más, decidí girar el escudo en el momento que dé el golpe. Se le cayó una espada, se quedó sorprendido. En el momento que él dudaba, lo aproveché para clavarle el escudo en el brazo que sostenía la otra espada para que lo soltara y así desangrarle. Noté como le reventé los huesos y sus músculos se desgarraban. Agarré fuerte la lanza y se la clavé por la entrepierna, impulsándola hasta atravesarle los pulmones y que saliera por la boca. Lo empalé, literalmente.

Cayó directo al suelo, estaba muerto y tieso. Gané el combate. Al momento escuché rugir a todas las gradas, mirase por donde mirase, había alguien con una cara de no poder creerse la bestialidad que yo acababa de hacer.Tiré el escudo al suelo, alzo los brazos en señal de victoria y vi que todos me deseaban, era algo nuevo para ellos. Entré en el vestuario, me eché un jarrón de agua por mi cuerpo, me quité los ropajes de lucha empapados y me puse la ropa normal que llevaba. Salgo para recoger el dinero y me encontré de nuevo a la chica.

- Muchas gracias por salvarme antes, no sé qué habría hecho sin ti. Me llamo Reginam. - Me dijo mientras me abrazaba casi llorando.

- Lo que hice yo, pudo haberlo hecho cualquiera, no te preocupes. Todos sabemos que esta ciudad es corrupta. Yo me llamo Jezuzli, antiguo asesino a sueldo. - Me cierro de brazos mientras esbozo una sonrisa picarona. - Vente si quieres a mi casa y vemos qué hacemos ahora, habrá que avisar a tu familia ¿no crees?

-Bueno, respecto a eso... -Reginam se miraba los pies muy entristecida. - Mis padres fueron asesinados por orden del rey, y bueno, mi hermano desapareció una noche que se peleó contra mi padre por llegar borracho a casa. Desde entonces no le he vuelto a ver.

-Oh Dios mío, no sabes cuánto lo siento, de veras. Yo me crié solo en la calle, sé cómo te sientes al estar sola en este mundo.- Le dije mientras meditaba sobre cómo llevar esto hacia delante. - Si quieres, puedes venirte a mi casa, no está muy lejos y podremos resguardarnos allí hasta que se calme el ambiente - le tendí la mano, la agarró algo extrañada por la proposición tan directa.

Empezamos a andar por la calle de los mercaderes, cerca de La Plaza Mayor. Todo el mundo me miraba al tener una bolsa de tela en la mano llena de monedas que resonaban muchísimo. Me fijé en un puesto pequeño, no se veía mucho, pero era muy peculiar. Era de una madera muy oscura y brillante. Su toldo era de un naranja muy fuerte y en la mesa no había otra cosa que armas de filo cortante, o sea, espadas. El dueño de la tienda era un hombre viejo, cara bastante arrugada y ciego de un ojo, tapado con un parche. Su pelo era negro, largo, ondulado y le llegaba un poco más bajo de los hombros. Tenía una sonrisa graciosa en la cual se podía ver reflejados sus tres dientes de oro. Sin duda, parece un pirata, además llevaba un parche en el ojo derecho. En el mostrador había gran cantidad de cuchillos, espadas, arcos, ballestas y hachas. En la pared del puesto se ve un arma de fuego; no tiene pinta de ser muy potente pero sí muy fácil de ocultar era más pequeña que mi propia mano.

-Buenas chico ¿te interesa algo?- Me dijo mirando mis ropajes y luego a la chica mientras sonreía pícaramente.

-Pues la verdad es que sí, buscaba algo pequeño, muy manejable, que no se viera mucho. Vaya para llevarlo oculto.

-Pues no se preocupe señor, tengo lo que busca.- Justo al momento de decírmelo, se agacha para buscar algo. De repente me saca una caja de madera pintada de negro con un pequeño candado dorado en medio.-Esta daga te va encantar, es justo lo que buscas, la Venator Córdibus.

Al abrir el candado con una llave pequeña, se veía algo que brillaba en la oscuridad de la caja. Era una daga con un metal bastante rojizo, tenía una hoja tan fina que podría cortar en dos un brazo de un solo tajo. Su empuñadura era un cilindro cubierto por una gran cantidad de tiras de cuero que forman muchas trenzas enlazadas entre sí, terminando en una bola que las une todas, dejando caer las tiras con total libertad.

-Dios, es una daga perfecta, todo tal y como lo buscaba. Quería pedirte una cosa si no es mucha molestia. -Le dije con un tono un poco tristón, necesitado y a la vez muy interesado; como si fuera una necesidad.

-Dígame, pero si es sobre el dinero, puede ir olvidándolo. Su precio son cuatrocientas piezas de oro, ni una más, ni una menos.

-No se preocupe señor, no va por el tema económico. Es simplemente si podría hacerme una inscripción en la hoja. -MIrándole atentamente, rindió y aceptó.

-Pues claro, pero serán cien pieza más. Pero ¿qué quieres inscribir?- Me dijo mirando extrañado.- Es que nadie me ha pedido algo así, hasta ahora.

-Quiero que me inscribas “catur berdarah” en la hoja. Solo eso.
Al inscribir la frase en la hoja, me dispuse a sacar el dinero. Las monedas cayeron rebotando contra la mesa, provocando una multitud de sonidos metálicos. El dependiente estaba quedándose loco de la cantidad de monedas que había. La gente de la calle miraba atentamente mientras cuchicheaban a escondidas.

Fue coger la caja con la daga en una bolsa y seguir andando con Reginam.

-¿Para qué has comprado eso? -Me miraba asustada sin saber cómo reaccionar ante ello.

-Yo sé qué estoy haciendo, no te preocupes, de veras. -Le agarré del hombro para que viera que entablo más confianza con ella y que no hay ningún problema.

-Pero es que tengo miedo, a lo mejor nos pueden perseguir los guardias y podemos morir. Quiero llegar a tu casa cuanto antes, por favor te lo pido. -Me cogió la mano de una manera muy fuerte, como si fuera una niña asustada en busca de su madre, su camino que seguir.

Fuimos recto por la calle, a un paso algo más acelerado, cruzando a la gente mientras esquivamos a los carros de mercancía que se ponían en medio de la calle. Al final, pasamos por la calle de los artesanos. Todo estaba repleto de talleres, miles de carteles de madera en las puertas con todas las ofertas, variedad de productos y sus respectivos precios. Todo parecía tranquilo, hasta que vimos un guardia correr hacia nosotros, no nos podíamos mover. La cara de Reginam se volvió blanca de repente, empezó a sudar. Me apretó tan fuertemente la mano que empecé a notar cómo me crujían los dedos sin cesar. Cuando estuvo delante nuestra, se paró en seco.

-Chicos, tened mucho cuidado por el barrio. Al parecer hay dos asesinos sueltos, un chico y una chica, han matado a unos guardias hace unas horas. Vigilad vuestras espaldas. -Su tono era muy serio, dejando claro que no era ninguna broma de lo cual estaba hablando.

<<Me cuesta creer que nos hayamos salvado de esta manera. Pero si nos habían visto la cara la mitad de la gente que andaba por allí, esto es demasiado raro, no me puedo creer que tenga tanta suerte>>.

Estas calles siempre me dieron mala espina, parece que te vas a caer con alguna piedra y los huérfanos aprovecharán para robarte lo que tengas encima, incluso los zapatos. Al final de las calle, cuando llegamos, había un pobre tullido pidiendo limosna, obviamente le dí una moneda. Al caer, él sonrió. Cruzamos la Plaza de la Fuente, su nombre es obvio, hay una fuente con un la Torre del Reloj en miniatura atravesando un corazón, que significa que nadie en la ciudad merece estar contigo, que estás mejor muerto. La razón de esa fuente fue por una leyenda muy antigua en la cual, el protagonista es un timador de familias ricas, hasta que una vez fue a una casa humilde, engañó de tal manera a esa familia, prometiendo un puesto de trabajo en la futura fábrica del timador, que se gastaron todos los ahorros de su vida en la inversión de dicha fábrica; que acabaron todos en la calle. La ciudad entera buscaba al timador, él se escondió en la torre hasta que le pillaron y le empalaron en ella.

Nos dirigimos a una puerta de madera robusta, de color verde. Saco las llaves del bolsillo, abro la cerradura y entramos. Está muy oscuro y apenas se ve.

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